The figure seen from behind on the cover of Book I represents the anonymous forces operating behind major historical events. It is not a specific character, but rather a symbol of those who wield power from a distance—officials, bureaucrats, politicians, and authorities who, in every era, influence the destiny of families without ever stepping into the foreground.
Throughout THE SUAREZ SAGA™, the identity of that shadowy figure shifts, yet its presence endures. As the protagonists live, struggle, and leave their mark on history, there is always someone behind the decrees, the official files, and the decisions that shape their lives. Their face is never seen, for they represent a constant in history itself.
Standing opposite the Alfonso Patiño Roselli Indoor Coliseum is the monument to Juan Lorenzo Alcantúz—a work by the master sculptor Simón Vergara, known as “El Conde”—measuring six meters in height and eight in width. The sculpture pays tribute to this native of Sogamoso who gave his life in the struggle against Spanish rule.
Born in 1741, Alcantúz joined Antonio Galán in the *Comunero* movement, which arose after the Viceroyalty of New Granada failed to honor the Capitulations of Zipaquirá. After the rebellion resumed, both leaders were captured in 1782 and subjected to a brutal execution, while their families suffered persecution and the loss of their property.
His courage made him a symbol of resistance and a forerunner of the ideals of liberty that later inspired the struggle for independence. In this work, Simón Vergara evokes the sacrifice of Alcantúz and those who shared his cause. The monument is part of Sogamoso’s artistic circuit—a collection of sculptures that celebrate the city’s history, traditions, and industrious spirit.
The old Cathedral of Sogamoso, built around 1564, was one of the first churches erected during the colonial era in the territory of Boyacá. Situated atop an ancient indigenous settlement and in the heart of the nascent Spanish city, this church served for centuries as the primary center of religious and social life in Sogamoso. Its austere architecture reflected 16th-century construction techniques and the process of convergence between indigenous traditions and the Christian faith introduced by the conquistadors. More than just a religious building, the old cathedral bore witness to the city’s historical development and Sogamoso’s transformation into one of Boyacá’s key cultural and spiritual landmarks.
La Plaza de la Villa, laid out during the Spanish founding of Sogamoso in the 16th century, served as the political, commercial, and social heart of the nascent settlement. By around 1564, this space brought together the era’s key institutions—such as the church, civil authorities, and designated trading areas. Daily life unfolded around the square, encompassing markets, religious celebrations, public events, and community gatherings. More than just an urban space, the Plaza de la Villa was the setting where Sogamoso’s colonial history—and the city’s enduring identity—began to take shape.
He was a Colombian civic leader linked to the political and military events of the Thousand Days’ War—a pivotal period in Colombia’s transition between the 19th and 20th centuries. Hailing from a long-established family in the eastern region of the New Kingdom of Granada, he dedicated much of his life to serving his community. His life story made him a prominent figure within the Suárez lineage, bridging generations that spanned the era of the *Comuneros* and the struggle for Independence through to the consolidation of the modern Republic. His family and historical legacy form one of the documentary pillars of The Suarez Saga™, preserving the memory of over three centuries of Colombian history for future generations.
The text published in Vanguardia mundo is a heartfelt profile written by Arturo Torres Heredia in 1987, which pays tribute to the life and virtues of General Pedro Escipión Suárez Duarte. The author portrays Don Pedro as a man of unbreakable character, distinguished by his nobility, his German ancestry, and his exemplary dedication to cattle ranching in the Llanos of Casanare, where he faced both the hardships of nature and the violence of civil wars with serenity. Finally, the account describes his close bond with the community of his town, where he was deeply respected and loved, until his passing after contracting a fever during one of his final journeys, an event that was honored by both friends and former adversaries.
Las Queseras del Medio son un lugar de los Llanos de Apure, en Venezuela, célebre por una de las acciones de caballería más audaces de la Guerra de Independencia.
El 2 de abril de 1819, José Antonio Páez seleccionó aproximadamente 150 lanceros llaneros para enfrentarse a una fuerza realista muchísimo mayor comandada por Pablo Morillo. Páez hizo que sus hombres avanzaran y luego simularan una retirada, provocando que la caballería española los persiguiera y se separara de su formación principal.
Entonces ocurrió la maniobra que se volvió legendaria. Páez dio la orden:
«¡Vuelvan caras!»
Los lanceros giraron súbitamente sus caballos y cargaron contra quienes los perseguían. La formación realista quedó desorganizada y los llaneros consiguieron una victoria táctica extraordinaria frente a una fuerza muy superior.
Y aquí está lo importante para nuestro prefacio: Inocencio Chincá estuvo entre esos lanceros.
Eso significa que cuando Chincá emprende meses después la campaña que lo llevará desde los Llanos hasta Pantano de Vargas, ya es un veterano de una de las acciones de caballería más célebres de la Independencia. No llega a Vargas como un soldado desconocido que repentinamente se convierte en héroe.
Llega como un hombre que ya había cabalgado con Páez y aprendido una forma específicamente llanera de combatir: movilidad, caballo, lanza, engaño, giro y carga.
Por eso Queseras del Medio merece aparecer en su relato. Nos permite mostrar quién era Chincá antes de cruzar los Andes.
Y hay un paralelismo narrativo magnífico: Queseras del Medio comienza a construir al lancero que Pantano de Vargas convertirá en leyenda.
Mártir de la Rebelión del Común. Aprendido el 15 de Octubre de 1781, es conducido a Santa Fe, en unión de Galán y son juzgados el 30 de Enero de 1782, siendo condenados a muerte. El 1º de febrero del mismo año se cumple la sentencia y sus cuerpos son destrozados, para ser expuestos en sus pueblos natales, llegando a Sogamoso un brazo y la cabeza son colocados en una pica en la plaza principal. Juan Lorenzo se había trasladado muy joven al Socorro, donde contrajo matrimonio con María Marciana Fiallo.
ENERO 30 de 1782 — SENTENCIA DE MUERTE CONTRA LOS CAPITANES COMUNEROS GALAN, ALCANTUS, ORTIZ Y MOLINA.
En la causa criminal, que de oficio de la Real Justicia se ha seguido contra José Antonio Galán, natural de Charalá, jurisdicción del Socorro, y demás socios presos en esta Real Cárcel de Corte, la que se halla sustanciada con audiencias de las partes y del Señor Fiscal…….
El 12 de febrero de 1744, don Lucas de Alcantús atestigua el matrimonio celebrado entre Manuel Plazas y Tomasa López. El 24 de febrero de 1752 es bautizada María Margarita Alcantús, hija de Lucas de Alcantús y Josefa de Ojeda. El 20 de marzo de 1754 es bautizado Joseph Antonio Alcantús, otro hijo de los anteriores. Al año siguiente (1755) en el “Padrón de Vecinos” levantado con motivo de la Visita del Oidor Andrés Berdugo y Uquendo, fue incluido el mismo don Lucas Alcantús, con su mujer y siete hijos. (Archivo Nal. “Visitas de Boyacá”, tomo VIII (2610) folios 707 y 707v.)
El 20 de noviembre de 1762 se casan, Lucas de Alcantús (hijo) con Isabel Holguín. El 11 de mayo de 1768 se casa Francisca Alcantús con Francisco Aguilar.
Partida de Bautismo de Santiago, hijo de Juan Lorenzo Alcantús.
“Santiago – en la parroquia del Socorro en veinte y seis de julio de mil setecientos y sesenta y siete años, con licencia del propio párroco, bauticé puse óleos y chrisma a Santiago, de un día, hijo legitimo de Lorenzo Alcantuz y María Fiallo. Doy Fe. — Joaquín de Esguerra Calbo de la Riba.” (Firmado y rubricado). (Libro 5. Folio 60 vuelto).
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Juan Lorenzo Alcantús, uno de los líderes del Común, se había trasladado muy joven de Sogamoso, donde había nacido, al Socorro. Allí, contrajo matrimonio con María Marciana Fiallo de cuya unión nació Santiago en 1767. La partida de matrimonio con fecha noviembre 11 de 1764 reza:
“Juan Lorenzo, María Marciana. Velados. — En la parroquia del Socorro en once de noviembre de mil setecientos sesenta y cuatro. Yo el Dr. Dn. Juan Antonio Colmenares habiendo precedido las diligencias necesarias, con licencia del propio párroco, asistí al matrimonio que por palabras de presente celebraron Juan Lorenzo Alcantus, y María Marciana Fiallo, y en el mismo día recibieron las bendiciones, testigos Silvestre Arenas, Joseph Martín y otros muchos que se hallaron presentes. Doy fe. Dr. Dn. Juan Antonio Colmenares.” (Firmado y rubricado.) (Libro 3, Folio 69).
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Capitán del Común. Enviado desde Sogamoso, instigó a las poblaciones de Gámeza, Monguí, Puebloviejo, Tibasosa y Nobsa, para levantarse en armas en apoyo a la Revolución Comunera. En 1778 es designado con otros vecinos, para gestionar la erección de Parroquia a la población.
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El 11 de enero de 1769 se casa Juan Antonio Alcantúz con Margarita Morantes. Este Juan Antonio fue, justamente, uno de los Capitanes Comuneros de Sogamoso, según la Nómina publicada por el precursor de estas investigaciones, General Manuel Briceño, y revisada por el historiador Cárdenas Acosta, a través de las declaraciones de Berbeo y de los documentos complementarios. Los demás fueron José de la Vega, Juan de Dios Díaz, Pablo de Nossa y Juan Alejandro de Avendaño. Este mismo Juan Antonio Alcantúz aparece firmando varias diligencias, entre los principales vecinos de Sogamoso, para la erección parroquial, el primero de diciembre de 1778 y el 20 de junio de 1808. Fue padre de doña Rita Alcantús, quien casó con Dn. Manuel Murillo y entre sus descendientes se distinguieron el Capitán Vicente Murillo Alcantúz, y su hijo Vicente Murillo Izquierdo (1854 – 1917), quien fue diplomático de Colombia en Chile.
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JUAN ANTONIO ALCANTUZ. – En el libro de general Briceño figura como Alcanta, pero a mas de no existir tal apellido entre las familias de Sogamoso, D. Juan Antonio Alcantuz aparece firmado en el poder de 1.778 para conseguir la erección parroquial; también fue testigo de la aceptación que el corregidor hizo del memorial presentado por el Apoderado, y más tarde firmo, además, la nueva petición encabezada por D. Juan de Dios Díaz en 1.808. (Geografía Histórica de Sogamoso. Gabriel Camargo Pérez. 1934)
or, est. Ea, consequatur.
Descendiente de uno de los principales jefes comuneros, afiliado al partido liberal, tomó parte en la revolución de 1840, por cuya causa es desterrado a Panamá. Entre los años de 1859 y 60, sufrió una larga prisión en Bogotá, en compañía de los presos del Oratorio. Conocedor del derecho y de la legislación del país, desempeño las funciones de Juez del Circuito de Sogamoso. Nació en la segunda década del siglo XIX y murió el 15 de Enero de 1902.
Temístocles Avella Mendoza, publicó en “El Fénix” de enero 16 de 1906, el siguiente artículo:
“Hace hoy cuatro años que bajó a la tumba este venerable paisano y amigo nuestro, y con tal motivo vamos a dedicarle estas breves líneas, ya que no pudimos hacerlo entonces por las aciagas circunstancias que afligían a la patria en aquella época de triste recordación.
Don Vicente Murillo Alcantuz, descendiente por línea materna de uno de los principales jefes de los Comuneros, nació en Sogamoso en la segunda década del siglo pasado.
Desde muy joven se afilió en el partido liberal, y tomó parte en la revolución de 1.840, por cuya causa fue desterrado a Panamá con muchos de sus copartidarios.
Cuando regresó a su pueblo natal, contrajo matrimonio con la señora Mercedes Izquierdo Zapata, perteneciente a la familia de los inolvidables Dámaso y Felipe, y tuvo en ella, entre hijos a los inteligentes y malogrados jóvenes Pablo y Edmundo, muertos en edad temprana. Su primogénito, llamado también Vicente, partió muy joven a las Repúblicas del Pacifico, y formó un hogar en Santiago de Chile, donde reside hace ya muchos años.
Por segunda vez fue Murillo Alcantuz mártir de su causa por los años de 1.859 a 60, y sufrió una larga prisión en Bogotá con los prisioneros del Oratorio.
Sus servicios como soldado liberal le conquistaron un alto grado en la jerarquía militar. Conocedor del derecho y de la legislación de el país, desempeño con bastante acierto las funciones de Juez del Circuito de Sogamoso durante el Gobierno Federal.
Era D. Vicente Murillo un caballero pundonoroso y digno, de trato afable y franco, de conversación chispeante y animada, y muy entusiasta por su causa. Galante, decidor y muy aficionado a la danza, en cuyo ejercicio era muy diestro; reinaba sin rival en los salones, y fue por mucho tiempo personaje obligado en tertulias y saraos.
Aunque casi siempre le fue esquiva la fortuna, nunca se doblegó ante los reveses de la suerte, y, a pesar de que murió a una edad muy avanzada, ni la senectud ni la cercanía de su fin, lograron alterar la igualdad de su festivo carácter.
La ofrenda que hoy le presenta EL FENIX es pobre y tardía, pero merecida y sincera”.
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En Julio de 1879, comienza a gestarse la conveniencia de un “Banco Comercial” en la ciudad. El Cabildo, aprueba la siguiente proposición:
“La Municipalidad de Sogamoso excita a los Sres. Dr. Francisco Duarte, Dr. Anacleto Rico, Dr. Antonio Reyes Camacho y Eliseo Franco, a que fomenten por medio de acciones el establecimiento en este Distrito de un banco de emisión, depósito, giro y descuento, teniendo en cuenta la Ley del Estado que contiene el ramo de fomento, y pudiendo adoptar cualquiera de los reglamentos que han servido para organizar los bancos de Bogotá y Colombia. La circular que se dirija a estos señores irá firmado por ocho miembros de los más caracterizados de la municipalidad. (Firmaron) – D. Vicente Murillo Alcantuz, Dr. Ramón Montejo, D. Javier Corredor, D. León Chaparro, Dr. Salvador Chaparro Plazas, D. Eliseo Díaz, D. Dario Valderrama y D. Temístocles Avella.”
Una vez conocida la circular, se pone empeño en llevar a cabo la empresa, pero no es posible realizarla sino a partir de 1882, año que por escritura pública fechada el 17 de Febrero, se constituye en Junta Organizadora, Depositaria y Responsable de los fondos que se le confiarán para la fundación del Banco. Los señores capitalistas Antonio Reyes Camacho, Custodio Briceño, Manuel I. Archila, Patricio Reyes y Luis Montoya S. Esta junta fija el capital social de base en la suma de $40.000, distribuidos en 400 acciones de $100 cada una; se toman 150 y queda abierta la suscripción para los demás. Se inicia así la fundación de la casa bancaria. Se estipulan las condiciones, se establece el reglamento y el 1º de Octubre abre sus operaciones el BANCO DE SOGAMOSO, con los siguientes empleados: Gerente, Dr. Luis A. Reyes; Secretario, D. Anacleto Holguín y Revisor, D. Florencio Briceño.
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Para consultar:
VICENTE MURILLO ALCANTUZ. (El Fénix. 1906, Enero 16 — Nº 35).
El 19 de Julio de 1940, a las 9 de la mañana, rindió su vida esta matrona. Perteneció “Solita”, como se le llamaba en la intimidad, a una casta ilustre de Sogamoso. Tuvo por progenitores a don Vicente Murillo Alcantuz, descendiente del Capitán del Común y a la señora Mercedes Izquierdo. Guardó una gran amistad, basada en el respeto, con José Eustasio Rivera, quien la llamaba “Mama Sola” (Ver: Rivera, José Eustasio)
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Para consultar:
NOTAS DE LA SEMANA, muerte de la señora Soledad Murillo, mamá Solita, el 19 del presente. (El Semanario, 1940, Julio 23 — Nº 67)
Publicó EL LIBERAL, en 1885. Militar alistándose en 1885 en las filas revolucionarias. Sus despojos mortales, reposaron en el cementerio que estaba localizado en el cerro de Santa Bárbara.
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MURILLO IZQUIERDO PAULO. (1853-1917). (Gabriel Camargo Pérez. “Escritores de Suamox, Ciudad del Sol” 1988)
Dirigió “El Liberal”, periódico de Sogamoso que apareció en 1883 y tuvo corta duración. Hijo de Don Vicente Murillo Alcantús (descendiente de la familia comunera de Sogamoso) y Doña Mercedes Izquierdo (familiarmente se le llamaba “El Muiska”) fue educado en el Colegio de San Bartolomé y logró una brillante carrera.
En 1876 fue Senador y en 1880 Cónsul de Colombia en Chile. Posteriormente en Perú y Ecuador.
Después de su actuación periodística en Sogamoso regresó al país austral, donde contrajo matrimonio con Doña María Bazo y Gallo. Allí fue designado por el gobierno Bibliotecario de Valparaíso, donde realizó una intensa labor intelectual.
En 1854 ve por primera vez la luz este intelectual. Miembro destacado del partido liberal, tomó armas en la guerra del 76; ocupó cargos en el Congreso. Rafael Nuñez le nombra cónsul en Chile (1880), en Perú (1881) y luego en el Ecuador. Casó con la sobrina del presidente de Chile, donde desempeño importantes cargos. En los últimos años de su vida quiso regresar a Sogamoso para ser su Alcalde, pero la muerte le sorprendió por los años de 1917 o 1918. Era llamado “El Muisca”.
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MURILLO IZQUIERDO VICENTE. (Geografía Histórica de Sogamoso. Gabriel Camargo Pérez. 1934)
Intelectual. Nació por el año de 1.854. Hizo sus estudios en el colegio San Bartolomé, y tuvo un porvenir brillante en la carrera militar y política. En 1.866, la asamblea legislativa del estado lo designo como uno de los jóvenes que debían ir por Boyacá al Colegio Militar, y en 1.873 fue nombrado pasante de la Escuela Nacional de Ingeniería. Miembro destacado del partido liberal, tomo las armas en la guerra del 76, distinguiéndose en la acción de Garrapata; en el mismo año asistió al senado de Plenipotenciarios. El 8 de Octubre del año siguiente, la asamblea de Cundinamarca lo eligió 2º suplente de los senadores plenipotenciarios del Estado, y 16 de octubre, la Convención liberal constituyente de Antioquia, a la cual se le pidió que asistiera, lo eligió segundo suplente de los representantes al congreso por esa sección. El 1º de diciembre fue ascendido a Sargento Mayor a Teniente Coronel de las milicias del Estado, y el 11 del mismo mes fue nombrado prefecto del Departamento de Oriente, cargo que excusó; el 8 de enero de 1.878 fue titulado General del Estado de Antioquia, y el 6 de febrero fue llamado al congreso como suplente por la misma sección.
Posesionado del poder el D. Rafael Nuñez, Murillo Izquierdo fue nombrado Cónsul general de Colombia en Chile, el 4 de agosto de 1.880; al año siguiente, el 3 de febrero fue removido al Perú con el mismo destino, y luego al Ecuador; vuelto Chile, fue nombrado Bibliotecario en Valparaíso por el gobierno de ese país, y contrajo matrimonio en 1.884 con la distinguida dama María Bazo y Gallo, sobrina de un Presidente de la república; prestó otros importantes servicios en Chile, donde perteneció a la más alta sociedad; celebrada suntuosas fiestas para conmemorar las fechas clásicas de su patria, y llevó una vida de comodidades y lujo; viajo por Europa y en los últimos años de su vida quiso regresar a Sogamoso para ser alcalde del pueblo, pero le sorprendió la muerte por los años de 1.917 ó 1.918.
“El Muisca” – así se le llamaba familiarmente – asistió también a la asamblea departamental y perteneció al batallón Alcanfor, siendo su ayudante el oficial Eduardo Maldonado Calvo, después Obispo de Tunja.
De Julio de 1736 a Enero de 1739 permanece en Sogamoso.
Alcalde Pedáneo en 1792, 1796, 1798 y 1805.
Prócer. Murió en Juana de Avila, en 1822, Venezuela. Combatió con las tropas del Libertador.
Dominicano. Hijo de Manuel Murillo y Rita Alcantúz. Subdiácono en Bogotá el 15 de mayo de 1.835; en 1.836 pasó al convento de Tunja y allí fue ordenado. Cura de Betoyes (Casanare) durante tres años, y luego de Chocontá; murió como superior del convento de su orden en Chiquinquirá. (Geografía Histórica de Sogamoso. Gabriel Camargo Pérez. 1934)
Enrique Murillo Izquierdo fue uno de los principales ganaderos de la familia Murillo Izquierdo y hermano de Soledad Murillo Izquierdo (“Mamá Solita”). Fue padre de Rafaela Murillo de Vargas y desempeñó un papel destacado en la expansión de los intereses ganaderos de la familia en los Llanos Orientales. Según la tradición oral transmitida por sus hijos y descendientes, fue propietario de importantes hatos, entre ellos La Macarena, El Raudal y Santa Bárbara, El Raudal, Camoruco y San Martín, vinculados a los históricos litigios de las tierras de Caribabare, cuya defensa jurídica estuvo a cargo del escritor y abogado José Eustasio Rivera. De acuerdo con esa misma tradición familiar, antes de su fallecimiento vendió varios de sus hatos, mientras que Santa Bárbara y San Martín pasó por herencia a su hija Rafaela Murillo de Vargas y El Raudal a su hijo Pablo Murillo, preservando así la continuidad del patrimonio familiar en distintas ramas de la familia Murillo.